Esquivando al destino…

8 Oct

Y allí estaba ella, junto a él. Su novio de hacía algunos años…con el que había compartido muchas vivencias, al que quería, sin el que ya no se imaginaba…el hombre “perfecto”.

Aquella misma mañana mientras recordaba todo lo que le hacía falta, olvidó algo. Y fue a comprarlo a toda prisa, aún había tiempo, a un sitio donde no solía ir y a un lugar por el que no solía pasar mucho. Ni ella ni él. Aquella misma mañana, se quedaba a cuadros al ver al hombre con el que había compartido 15 años de su vida, al que había amado con toda su alma, y con el que se imaginaba en el altar desde niña. Allí estaba él, con un amigo, paseando justo en ese sitio, y a esa hora, en ese lugar por el que nunca pasaba tampoco.

Se saludaron se esa absurda manera que saludamos a las personas que han dormido con nosotros más noches que nosotros mismos…de esa dulce manera en la que dos desconocidos con media vida de recuerdos en común se saludan.

¿Qué tal la vida?.

Me caso hoy, respondió ella.

Con un sepulcral silencio y miradas que se evitan, todos sonreímos. Su amigo, y su amiga. Y ellos dos.

La mujer y el hombre que más se habían amado en el mundo. Cada uno tenía su vida, pero nunca se olvidaron. Hablaban a veces a escondidas, y nunca se supo si se vieron alguna vez más. Sin embargo, sus ojos eran cómplices aquel día, con aquella complicidad del que sabía que se tiraba de cabeza al vacío dejando el arnés arriba, justo para estrellarse.

Con esa absurda complicidad, de los que quieren aparentar que no les escuece el alma al enterarse que su alma gemela, la que ha cometido errores, la que le ha hecho llorar, reír, esa persona que nunca olvidará, hoy toma ese camino junto a otra.

Qué cobardes somos, qué mediocre resulta a veces eso que llamamos amor. Hoy en día la gente se conforma con “ser feliz” y eso a lo que llaman felicidad, es lo que bajo mi punto de vista les resulta cómodo.

Viven al lado de personas que no les remueven el alma, se siguen acordando cada día de cómo era dormir con el otr@, de cómo le besaba, incluso a veces, comparan a sus parejas sin querer con esos, a los que decidieron sacar de su vida…

Siempre dicen que no puede ser, pero los ojos no mienten, los nervios no engañan y ellos no estaban tranquilos.

Nadie se alegraba de esa boda en ese momento, ni ellos, ni su amiga, ni la propia novia que veía como su vida pasaba delante de ella, y tomaba el camino “correcto”.

Correcto, cómodo…perfecto.

Mediocridad. Eso es lo que me define a mi las relaciones de hoy día cuando alguien prefiere estar en otro lugar, y sigue a tu lado porque es lo que toca.

Ojalá yo no sea nunca, una de esas personas, ni el que vive engañado, ni al que engañan viviendo…que no hace falta el contacto físico para ser infiel, que no hace falta vestirse de blanco para amar de verdad…y que a veces, el destino, si existe, el destino aparece cuando tiene que aparecer y nos recuerda que hemos sido cobardes, que no lo hagas…pero seguimos adelante, seguimos con la vida perfecta que esperan los nuestros, con el hombre de dinero que le gusta a papá, con la mujer de carrera y trabajo estable, con lo que ven los otros, sin acordarnos, que sólo vivimos una vez, que la vida es para arriesgarse y para amar de verdad, y que los ojos, son el destino de nuestra felicidad, aunque a veces, esquivemos a ese destino justo cuando pasa delante nuestra.

Y fueron “felices”, y comieron lo que tocaba. Lo que la sociedad esperaba que comiesen. Y no, jamás fueron perdices.

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