Archivo | octubre, 2015

Tengo 7 aňos y acaban de decirme que soy diabético para siempre.

19 Oct

Eres un niňo totalmente normal y un día no paras de beber y de hacer pipí. Hace tiempo que estás más delgado y encima ni siquiera te gustan los dulces. Te llevan al hospital y ese mismo día te dicen que tienes para toda la vida una enfermedad que se llama diabetes, que tu páncreas no hace su función y entonces, tendrás que pincharte insulina después de pincharte antes en el dedo para medirte la glucosa en sangre antes de cada comida.
Te ponen 2 tipos de insulina distinta, te dan un peso para que midas las raciones de hidratos de carbono en cada comida, y ayer, no sabias casi ni lo que era el páncreas, salvo por ese dibujo del cuerpo humano que te enseñó tu profe en cono.
Una enfermera entra cada tres horas casi a medirte la glucosa hasta que te veas preparado.
Y esa misma noche te haces tu primera automedición. Y con 7 aňos coges y te pinchas. Y a las 2 de la maňana me estás esperando con una sonrisa nerviosa, porque no te puedes dormir, porque realmente no sabes que pasa y porque estás durmiendo en un hospital con mamá al lado preocupada y haciéndose la fuerte.
Y entro. Y me sonríes. Y me dices que esta vez también te la harás tu. Y te motiva el saber que llegarás a controlarlo. Y lo aceptas. Y cuando te digo que no eres un enfermo, me respondes que entonces es que estás aquí “como para aprender no?”….
Ay pequeño, no se si maňana se te vendra el mundo abajo y espero que nunca te sientas distinto a nadie. Pero qué especiales son algunas personas.
7 aňos y una lección.
Nunca deberíamos dejar de ser niňos.
Superación, adaptación, ilusión en cada cosa…y cero lamentaciones. Siempre adelante. #Pediatría

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10/10/15 #PaliativosVisibles. El arte del buen morir.

10 Oct

Soy enfermera y tengo 28 años.

Considero que somos un colectivo formado, actualizado, activo, que se preocupa por avanzar, por aprender, por hacerlo bien. Pero hasta qué punto tenemos claro que las preocupaciones que tenemos en las redes sociales hay que llevarlas a cabo con la misma claridad en el día a día.

Debido a la inestabilidad del sistema, en Andalucía he trabajado tanto en urgencias de hospitales públicos, como en residencias de ancianos en el ámbito privado.

Os aseguro que el concepto de “cuidados paliativos” no existe como tal ni en uno, ni en otro.

Se entiende como “Cuidados Paliativos” los cuidados encaminados a llevar a una persona en todo su ser, holíticos, de manera digna, a una muerte sin dolor y con la máxima calidad de vida hasta el final, debido a que ha desarrollado una enfermedad que en aproximadamente menos de 6 meses, le llevará a la muerte.

Es entonces, cuando esa persona, su familia y el equipo médico, deben reunirse para hacer lo mejor. El paciente suele querer que se le den estos cuidados. Nadie debidamente informado, elige sufrir.

Sin embargo, lo que veo en la realidad son pruebas, y más pruebas innecesarias, analíticas que certifican lo que ya sabemos, sondas nasogástricas en enfermos encamados, sépticos, con una úlcera por presión en grado IV, en una casa, (que allí están más tranquilitos que en el hospital) muerto de dolor en vida, y con un alzheimer avanzado que hace años le hizo olvidar quién era. Olor, incapacidad para cambiar apósitos e imposibilidad del sistema de gestionar con el equipo que tiene que hacerlo, que se le den cuidados de calidad en casa.

Existen esas personas encargadas de la hospitalización a domicilio. ¿Pero cuántas veces vamos a visitas a casa y vemos una falta de recursos y de ayuda brutal?

Veo en urgencias, ensañamiento terapéutico con muchos pacientes terminales. ¿Cuántas veces no nos ha hecho “el pescadito” un EPOC reagudizado, y se ha muerto en nuestra cara tras varias horas sin el tratamiento adecuado, a base de aerosoles que ya no funcionan y con un fallo izquierdo o un edema agudo…

¿Por qué? Nos da miedo morir. Nos da miedo decir que se van. Si nosotros, profesionales, no aceptamos la muerte…cómo vamos a enseñar a morir bien.

Pero si nos ponemos en el lugar del otro, ¿queremos vivir agonizando?

Los cuidados paliativos DIGNOS y reales, llegarán el día en que todos nos concienciemos que la muerte forma parte de la vida, y que el derecho a la intimidad, a la información y a la calidad de los cuidados, es un derecho recogido en la Constitución Española.

Mi experiencia en la geriatría de cuidados paliativos es otra bien distinta.

“María está en paliativos…”

Quiere decir, que en sus dos o tres últimos días, han bajado a María a la habitación de al lado de la enfermería, con constantes cada hora, cuando ya casi hay livideces, ruidos respiratorios, la nariz se ha afilado y la frecuencia cardíaca y la presión se descontrolan. Cuando la taquipnea es evidente, cuando hay ya sufrimiento respiratorio y la saturación baja. Es entonces cuando el servicio de urgencias, decide pautar bolos de midazolam, mórfico , y buscapina subcutánea para las secreciones. “y que descanse ya”.

Eso, no son cuidados paliativos señores. Hay que cambiar la mente. Hay que abrirla, y hay que dejar morir cuando ya no podemos hacer otra cosa con naturalidad, sin dolor, sin sufrimiento, con calma, rodeado de los nuestros.

Os aseguro que todo esto, ayudará en el proceso del duelo a superar esa primera fase de negación.

Seamos más humanos, y en este caso, no hagamos lo imposible, sino lo posible por preservar el derecho a una muerte digna, que no enmascare una vida, probablemente bonita, que se termina.

Y esta es mi experiencia, en este día, que espero sirva para algo, para contar historias, para tener una #enfermeríavisible, y que los #paliativosvisibles den que hablar.

Tiende tu mano, párate, escucha, sonríe, aunque digan los técnicos que la enfermería no es eso. Siempre por más que corramos, hay un hueco para ser personas, aunque por experiencia se que a veces, por ratio es complicado. I

Tenemos que tener presente que esta profesión nace de la humanización de los cuidados. Y es lo que cada día, olvidamos más.

Yo le doy mi mano a los #cuidadospaliativos reales, y esto seguro que ellos, enfermos terminales, me responderían con una sonrisa y un GRACIAS. Y esa, es la verdadera esencia de nuestra profesión.