Archivo | julio, 2014

Y así seguir, sonriendo siempre…

13 Jul

Hay momentos en la vida que son complicados. Creo que uno de ellos, ocurre cuando entras en contacto con sentimientos que pensabas no conocer, o que deseaste no volver a tener. Sucede también a veces, que conoces por primera vez sentimientos que siempre te advirtieron que llegarían y que tu, te empeñabas en no tener. Uno de esas sensaciones, es la conocida desilusión.

La verdad, es que cuando llega, es bastante duro aceptarla. Parece que algo se te encoge en el estómago, algo que se retuerce, que sube hasta la garganta , apretándote y que a veces, te hace un nudo que te impide casi respirar con tranquilidad. Imagino que a más ilusión proyectada en algo, mayor el palo al desvanecerse. En la vida, solemos experimentar a menudo esta sensación, a veces, muchas, por cosas banales. Dicen que lo correcto es no esperar nada, y así lo que te venga, te sorprende, no te decepciona, pero yo no estoy de acuerdo del todo con esa frase que tanto nos repetimos. Yo creo que la ILUSIÓN, es necesaria. De hecho creo que debería ser, junto con las GANAS, el motor por el que nuestra vida se moviese. Una especie de gasolina en proyectos siempre realistas, por más complicados que parezcan. 

Pero ocurre también, que cuando se experimenta esa desilusión, hemos puesto todas nuestras ganas en algo, y hemos experimentado algo totalmente contrario a lo que pensábamos alimentar, nos sentimos fatal.

La verdad, es que hablando claro, la desilusión por las personas, duele.

Quien te diga que no, te está mintiendo.

Todos, absolutamente todos, cuando comenzamos a conocer a alguien, nos ilusionamos. Y bajo mi punto de vista, eso es bueno, y es algo que no debe perderse. Esa ilusión, indica que estás sintiendo cosas que te gustan, cosas que quizás hace tiempo no compartías con nadie, y estás viviendo momentos inolvidables. Esta parte es tuya. TODA TUYA. No lo olvidemos. Esa ilusión NUESTRA, esa exposición que una misma decide hacer en alguien, porque vemos, que nos está aportando cosas, porque vemos principios y formas de pensar que nos gustan, por la forma en la que alguien te demuestra que eres especial…esa ILUSIÓN que tu le pones a cada historia es tuya. Y gracias a lo que cada uno aporta, vives momentos, y esos momentos salga bien o mal, serán siempre para ti. Y no hay que culparse, si te hicieron creer algo que era mentira, si te engañaron diciéndote lo especial que eras, si se morían por verte. Tu, al no tener necesidad de mentir, tampoco tienes necesidad de sospechar. ¿Qué ganamos engañando a los demás? Bajo mi punto de vista nada. Y si acaso ganas algo, es perderse a uno mismo, perderse en esa mentira. Engañar a los demás, “abriendo” de una manera falsa tu corazón es perderse a uno mismo.

Lo duro de todo esto, es el entender tu, que más no puedes hacer. Que tu si te has expuesto sin miedo, que has dado todo de tu parte, porque para ti, si que era verdad. Que cuando se tienen ganas y se quieren hacer las cosas, todo es posible, y que las excusas son para los mediocres. Que el que quiere de verdad, lo hace. Y es así de simple. A veces, nos empeñamos en excusar a las personas que queremos, nos empeñamos en justificar su comportamiento, porque crees que la persona es aquella que conociste. Pero no. Las personas cambian. O quizás nunca cambiaron, simplemente, mintieron. Pero ahí, no perdiste tu. Ahí volvieron a perder ellos, porque el que miente, siempre pierde. Seguramente pierde a alguien muy de verdad.

Y en ese concepto de desilusión que tanto duele cuando alguien te ha importado, entra el aceptar que hay personas a las que hacer daño de forma gratuita, no les importa. Quizás, ni siquiera de una forma premeditada. Pero les importan tan poco los demás, que no valoran nada, y simplemente te tratan como un cero a la izquierda. Y cuando te necesitan, tu estás ahí, una y otra vez, creyendo que de verdad se había equivocado o que la culpable eras tu. Y como cuando los sentimientos son de verdad, eres capaz de todo, te empeñas en creerte algo que sabes que es mentira. 

Hasta que un día, te levantas, y ves que nadie mueve un dedo por ti, y que por más que te empeñes en arreglar algo, hay quien no ve la avería porque ni siquiera le importa la máquina. Para estas personas, quizás es cuestión de mirar máquinas nuevas, máquinas a las que estropear de nuevo. Sin prejuicios. Que no sepan donde van a fallar.

Y ese día comprendes que los momentos que viviste, se quedaran para ti. Incluso prefieres creer que de verdad fueron reales, en tiempo, espacio, persona, y lugar. Y guardas recuerdos bonitos, incluso sabes, que de alguna forma, estarás ahí, deseando lo mejor, e intentando ver, a la persona que creíste y te empeñas en reconocer. Quizás se haya ido o quizás algún día vuelva a salir.

Mientras tanto, es bueno comprender, que no todo el mundo piensa en los daños, que hay personas que en cuestión de sentimientos, te cuentan películas que nunca llegan a proyectar, y que aunque quieras a alguien, no es motivo de peso para sufrir eternamente. Que puedes permitirte llorar un día, dos…pero que para volver a sonreír, hay que mirar hacia delante, y disfrutar de los valores y de los sentimientos de verdad, esos que puedes estar perdiéndote queriendo rescatar algo que está más que ahogado en el tiempo. Un tiempo que fue real, y que pasó.

Así que ese sentimiento amargo de la desilusión, debe alegrarte. Porque si lo has experimentado, puedes estar seguro que has hecho bastante. Pusiste ilusión y si lo acompañaste de ganas, me reitero, te has expuesto de una forma valiente a algo/alguien que te importaba, que merecía la pena. Y si el tiempo te ha demostrado una vez tras otra que no, quizás sea hora de hacer borrón y cuenta nueva, quedarte con lo bueno y aceptar que no tiene todo el mundo que tener sangre caliente. Que la sangre fría te deja hablar con tranquilidad y mentir incluso, pero que con la sangre caliente, se vive y se disfruta más de todos los momentos de la vida. 

La desilusión es signo de experiencia, y de valentía. Además de ser un aprendizaje para poder en un futuro evitar ciertos comportamientos, ser menos crédul@ y vivir nuevas ilusiones.

Porque eso es algo que jamás debe perderse, porque mientras exista ilusión, cualquier cosa será posible, y porque debes sentirte orgullosa de poder tenerla. Y así, poder volver a sonreír de verdad. Como tu lo haces todo.

 

 

 

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