Archivo | mayo, 2014

Y existe también el duelo de lo vivido…

23 May

Decía Freud, allá por el 1917, que el duelo consistía en desprenderse de un objeto de amor sobre el cual, estos actos de amor ya no podrían efectuarse más.

Del latín “duellum” la palabra nos indica un combate entre dos, una guerra. 

El duelo es el sentimiento subjetivo que se experimenta cuando se pierde a un ser querido o a alguien. Se entiende como un proceso de reestructuración de la persona, que tiene que llevar a cabo para asimilar la pérdida y poder retomar el mundo.

La psiquiatra y escritora, Elisabeth Kübler-Ross, describió las etapas que el ser humano experimenta de la siguiente forma:

NEGACIÓN-IRÁ-NEGOCIACIÓN-DEPRESIÓN-ACEPTACIÓN.

Este proceso, no se considera patológico si su tiempo es de aproximadamente unos 6 meses. Hay que pasarlo.

Aunque todo esto, lo hemos refrescado actualmente en un curso de enfermería ante los cuidados paliativos, son numerosas las pérdidas que sufrimos a lo largo de nuestra vida. Y no sólo hablo de pérdidas de seres queridos, pueden ser cosas materiales o formas en las que acabas perdiendo a una persona que sigue con vida, por ejemplo un amigo, o a tu pareja.

Al principio, toda pérdida provoca una frustración. Esto no puede estar pasando, cómo me ha podido pasar a mí, estábamos tan bien, o quizás no era lo que me convenía, realmente esa persona no es lo que parecía. Tras haber pasado la negación, ira, y la propia negociación con nosotros mismos y nuestra decisión, llega la fase complicada. La depresión. Esos momentos en los que se nos vienen a la mente los recuerdos, los momentos, y las situaciones vividas con estas personas, y que por motivos que desconocemos, o conocemos y no hemos sabido arreglar, no volverán a darse. La fase de tristeza, quizás sea la más complicada de pasar, pues en ella nos hacemos mucho daño, y somos conscientes de que ya nada será como antes.

Es justo ahí, cuando tenemos que deshacer lazos, y tenemos que enfrentarnos a la vida, tal cual nos viene. Y entonces, llega la aceptación. 

Puedes hablar de la persona sin que te suponga un trauma, sin necesitar evocarla continuamente. Podemos recordar sin dolor.

El duelo, no implica olvido. Cualquier persona que haya pasado por nuestra vida, permanece de alguna manera anclado a nosotros. Nadie está de paso, todo aporta de alguna u otra manera. Las buenas personas, nos enseñan cosas, y las menos buenas nos dan lecciones. Y dicen que el recuerdo, es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados.

Con todo esto, debemos entender, que toda situación que ocurre en nuestra vida, y que pensamos que es lo peor, pasará. Y que el duelo, hay que hacerlo. Tanto a nuestros seres queridos, como a las situaciones que la vida nos presenta.

Para aceptar algo, hay que querer aceptarlo. No podemos comenzar un duelo, cuando existe una mínima esperanza de regreso.

Así que lo más sano, para nuestro cuerpo y nuestra mente, es no frustrarnos cuando sintamos pena, es un proceso normal del ser humano…tenemos sentimientos y vivimos emociones. Saber que en poco tiempo, estaremos mejor y que nada dura eternamente…y sobre todo querer empezar a realizar un duelo, sin aferrarnos a algo, pues entonces, podemos hacer un duelo patológico y aquí entraríamos en un problema tratable por profesionales.

La vida, es corta. Vivamos y afrontemos lo que nos viene de la mejor forma posible, a poder ser con una sonrisa, para que así, cuando nos vayamos, nos recuerden de esta forma. Sonríe siempre.

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