¿Analfabetos los niños?

18 Oct

Qué “se dice” que los niños andaluces son unos analfabetos porque “se escucha” que lo que saben en otras comunidades autónomas con 8 años, lo saben aquí con 10 años.
Me pregunto el grado de evidencia y el nivel de investigación que ha hecho esta señora para realizar esta afirmación sobre nuestros niños.
En Andalucía, políticamente fallamos en millones de cosas, pero si algo tengo claro y me duele porque muchos de mis amigos son maestros, es el esfuerzo y la dedicación que le dedican a sus alumnos.
No me da la gana echar la culpa a esta educación recibida.
La selectividad pone al mismo nivel a toda España cuando pasa el tiempo y yo, que he tenido siempre una educación PÚBLICA, puedo estar más que orgullosa de todo lo que me han enseñado mis profesores.
Lo que estaba en los libros, y lo que no.
Ahora bien, si hablan de esto para hacerse daño entre ustedes, señores políticos, no metan a nuestros niños, porque si de algo tienen culpa es de vivir en un país que no se pone de acuerdo para nada y menos si es tiempo de elecciones.
Lo que hace uno, lo quita el otro. Aunque esté bien.

¿Las bajas de profesores? No las cubrimos mientras no podamos, y en tiempos de oposiciones, si le cambiamos las leyes y el temario a los opositores un mes antes, que se aguanten.
Y aún así señores, ellos, los maestros, fomentan la creatividad, la inteligencia emocional y la inquietud, aportan herramientas, educan, lidian con padres que a veces ponen más trabas que un político, y cuando una familia no tiene suficientes recursos, me consta que le ayudan porque si, de su sueldo en muchos casos, ese que tanto se cree que le regalan “por hacer dibujos” y esas oposiciones “tan fáciles” porque tienen muchas vacaciones.
(Estudien ustedes si quieren lo mismo…)
Así que no. Nuestros niños no son analfabetos, analfabeta es usted y todo aquel que se pone a gobernar un país sin conocer cómo funcionan los pilares del sistema, sanidad y educación como ejemplo y en gran parte sobreviven gracias a la vocación de aquellos que aman lo que hacen independientemente del dinero ni de los votos cosa que ustedes, derecha, izquierda o centro, jamás sabréis lo que es.
Y siento orgullo de que los andaluces estén liderando puestos importantes  y pena porque por desgracia sea fuera de nuestro país, (con la formación aquí recibida).

Y siento orgullo de que esos niños de mayores lideren hospitales andaluces, investiguen, y sean libres. Que ojalá formen parte de lo que terminará con este sistema de ineptos que tenéis montado.
¿Analfabetos los niños? Analfabeto el que por un voto pone a temblar los cimientos de un país.
Ojalá aprendiesen de ellos. Nuestros niños.

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El arte de cuidar.

10 Sep

Ayer nos llegó a la sala de emergencia, una mujer joven a la que en cuestión de segundos le acababa de cambiar la vida.

Eran las 4 de la mañana cuando mi vida y la de esa mujer, se cruzaron. Y la de tantas personas que estuvimos en esa sala con ella hasta que entró en quirófano.

Un accidente de tráfico hizo que ella y otros ocupantes del vehículo se saliesen de la vía en la madrugada y como consecuencia a tal fatídico accidente, ella, fuese la más perjudicada. Había perdido un miembro de su cuerpo. Los equipos de extrahospitalaria hicieron todo lo posible, pero era totalmente catastrófico y desde el minuto 1, los médicos dijeron que sería imposible el reimplante. Una forma de vida nueva acababa de comenzar y ella, ni siquiera era consciente de ello.

Ella, la paciente “desconocida”, venía sedoanalgesiada, pero empezaba a despertarse, y a ser consciente de lo que veía. Era asiática y no conocía bien nuestro idioma. Daba igual, porque, en el arte de la enfermería, el lenguaje es universal. Y mi necesidad de escribir esto, nace de los sentimientos que me surgen cuando atendemos a pacientes críticos.

A veces pienso, que está muy bien, y los que me conocen saben que lucho por ello desde siempre, el avance de la profesión enfermera. Pero en ocasiones, observo, que nos centramos en ser los mejores tecnicamente y nos empezamos a olvidar que nuestro origen no es otro que “el arte de cuidar”.

Una palabra tranquilizante, un gesto, una sonrisa de complicidad, coger la mano de nuestros pacientes, o tener toda la intimidad que nos gustaría cuando vamos al TAC por los pasillos, o cuando terminamos nuestras técnicas.

En una sala donde hay tantas personas, cuando todo está hecho, a veces, no somos conscientes de lo importante que es eso. Olvidamos que esa persona por la que estamos dándolo todo, tiene una vida, una intimidad, unas preocupaciones, y que, hay que tratarla como nos gustaría que nos tratasen a nosotros. No hay que frustrarse, por compararse con otros profesionales, que tienen y deben de hacer otras cosas, no menos ni más importantes que cuidar, pero si debemos recordar, quienes sómos nosotros, y que, aunque lleves poco o mucho tiempo en la emergencia, la humanidad, no es otra cosa, que el recordar que la persona que tienes ahí tumbada, te necesita.

Recordar que piense que todo va a ir de la mejor manera posible, que su familia está fuera esperándolo, que otras personas por las que a veces están preocupados, están bien…no tenemos que dar un diagnóstico médico ni falsas esperanzas, para hacer bien nuestro trabajo y cuando todo lo vital esté hecho y tengamos un segundo entre tantas manos, no DEBEMOS olvidar la suya.

Quizás vuestras vidas no se habrían cruzado en la vida, pero tened claro que para la persona que está tumbada, hoy, te has convertido en la esperanza a la que aferrarse.

“Si puedes curar, cura, si no puedes curar, alivia, y si no puedes aliviar, acompaña…”

Todo lo que hacemos es importante, pero no somos mejores enfermeros ni menos profesionales, por ser, ese que coge de la mano en la emergencia y tranquiliza.

Puede que, si todo sale bien, siempre nos recuerden, como la profesión más bonita del mundo cuando nos necesitaron. Por que es justo ahí, donde se demuestran las cosas. Da igual cuántas redes sociales tengamos, ni cuántas fotos nos hagan. Quién te ha necesitado, es quién de verdad sabe valorarte. Y tenemos tanto que dar, que jamás debemos olvidar el principio de todo esto…el bonito e inigualable arte de cuidar.

 

 

 

Si algo me has enseñado es a VIVIR, con todas sus letras.

13 May

Un vecino electricista que te hace un favor en casa, y con 34 años recibe una descarga eléctrica que le provoca la muerte delante de su hijo de 4, un chico que se cae de su caballo en una feria y se fractura una vertebra que hace que quede en silla de ruedas, una persona con problemas que no tiene las herramientas para manejar la situación y decide autolesionarse intentando quitarse del medio, un accidente de tráfico que te cambia la vida, una caída de la cama que te secciona la C2 y te deja postrada en una cama, una pelea tonta con dos copas de más en un derbi que te rompe la mandíbula y una patada que hace que tu cerebro reciba tal golpe que sangre y no parezcas quién eras. Y acabas sólo en la cama de un hospital.
La vida nos cambia de la noche a la mañana y si algo me enseña cada día mi trabajo es que cometemos el error de creer que cada dia será igual, que nos levantaremos y nos acostaremos siendo los mismos. Ese gran error de creer que podemos programar lo que ocurrirá siempre.
Pero no, no sabemos lo que se nos puede rodear en un momento, no sabemos si mañana estaremos aquí, así que, aunque tengamos momentos en los que creemos que tenemos muy mala suerte, que somos unos desgraciados y que la vida nos golpea sin parar, yo creo que debemos caer a veces para subir, sin olvidar que tenemos SALUD que es lo más importante y que lo que si podemos hacer es ATESORAR CADA SEGUNDO del tiempo que vivimos hoy.
Pensar con cabeza, pero vivir un poquito menos agobiados.
Hacer lo que nos gusta, cuidar de los que queremos, amar mucho, viajar todo lo que podamos y valorar lo que tenemos que seguro que es mucho más que lo que hemos perdido.
Si algo creo que nos enseña este trabajo es a VIVIR, con todas sus letras.

A tí, que me enseñas tanto…

27 Ago

Hace tiempo que no escribía nada, y según dice Sabina, cuando uno está enamorado escribe menos. Puede que tenga razón, ya que la escritura para mí es un desahogo. Y por eso escribo ahora, porque lo necesito.

Una vez más hablo de la vida y de nuestra valiosa profesión que nos enseña tantísimo acerca de ella, que nos enseña sobre todo lo principal, que es a vivirla.

Dejé por motivos personales un contrato e inicié una nueva andadura, esta vez en algo absolutamente desconocido para mí. La unidad de grandes quemados. Y qué destino ese que me la puso por delante. Si en la UCI reflexionaba, aquí lo hago aún más, porque mis pacientes están despiertos y me cuentan su vida, me enseñan fotos, me cuentan sus preocupaciones.

No puedo irme a casa tranquila, la verdad, cuando se que al día siguiente le contarán a ese pobre niño que es el único superviviente de su familia, de un absurdo incendio que ocurrió mientras estaban de vacaciones, ni descansar igual, cuando se que mañana, uno de los míos, sabrá que su hermana ha fallecido en el mismo incendio que tuvo que vivir él. De verdad que no puedo. Tampoco puedo dejar de admirar la capacidad de sobrevivir que tiene el ser humano, ni como podemos formar esa especie de familia hospitalaria en momentos tan delicados. Y qué bonito.

Si ellos supieran que cada vez que me sonríen, yo gano un año más de vida…de vida sí, esa que me enseñan a vivir.

Porque puedes estar hoy aquí y tenerlo todo, y estar mañana allí y no tener nada, o dejar de ser quién eras. O quizás la dura adolescencia te había llevado por mal camino y ese incendio que te destrozo la vida fisicamente, te la cambio para siempre y fuiste más feliz de lo que nunca pensabas que podías ser, porque ya los que están a tu lado son los que tienen que estar, y los que te miraban por lo que les dabas y por tu físico se fueron. Y maduraste, y te diste cuenta de que en esos duros meses en los que las curas se te hacían inhumanas, insoportables y ni aún dormido dejabas de sufrir, tu familia esperaba junto a un cristal para hablar contigo por teléfono cada día y de aquellos que te intentaban alejar de ella, poco o nada más se supo.

El ser humano puede ser tan maravilloso si se lo propone y saca una capacidad de superación digna de escribirte minimamente esto a tí, que cada día haces que me vaya con un nudito en la garganta, unas veces alegre y otras triste, pero siempre por tí, único fin nuestro. Tu salud mental, tu integridad física, la aceptación de ser quién eres ahora…con lo que has perdido, tanto en lo físico como en lo humano que te acompañaba.

Y te veo ahí, mientras me aprendo los nombres de todos los super heroes para distraerte en la cura y que a tu corta edad sufras menos de lo que ya te ha tocado, o a ti con mi edad, contento porque te pongamos el disco duro externo para ver pelis, que me hagas entrar mil veces para que te pase a otra serie, aunque cada vez que entre en tu aislamiento, me tenga que vestir enterita de verde. O que me quede sin saber qué decir porque hablando conmigo, llores porque te acuerdes de quién te pagaba Netflix pero sonrías cuando hablamos de carnaval.

Me parece tan importante el papel que unos a los otros nos hacemos en esta unidad, que la ansiedad que vivimos está más que compensada por vuestra inimaginable capacidad de superación. Yo os admiro, de verdad que lo hago. Y no me cansaré de hacerlo, porque se que dentro de un año, o de menos, estaréis viviendo la vida a tope, acordándoos de todo esto que os cambio sin sentido, pero que os hizo seguro, mejores personas aún. Y la sabréis saborear más si cabe en memoria de los que se fueron y agradecidos por seguir aquí…

Y cada día como siempre, le encuentro el sentido a la elección más bonita que pude hacer en su día. Mi profesión. Y te doy las gracias eternamente a tí, que me enseñas tanto…porque sin tí, mi vida sería mucho menos vida.

Esquivando al destino…

8 Oct

Y allí estaba ella, junto a él. Su novio de hacía algunos años…con el que había compartido muchas vivencias, al que quería, sin el que ya no se imaginaba…el hombre “perfecto”.

Aquella misma mañana mientras recordaba todo lo que le hacía falta, olvidó algo. Y fue a comprarlo a toda prisa, aún había tiempo, a un sitio donde no solía ir y a un lugar por el que no solía pasar mucho. Ni ella ni él. Aquella misma mañana, se quedaba a cuadros al ver al hombre con el que había compartido 15 años de su vida, al que había amado con toda su alma, y con el que se imaginaba en el altar desde niña. Allí estaba él, con un amigo, paseando justo en ese sitio, y a esa hora, en ese lugar por el que nunca pasaba tampoco.

Se saludaron se esa absurda manera que saludamos a las personas que han dormido con nosotros más noches que nosotros mismos…de esa dulce manera en la que dos desconocidos con media vida de recuerdos en común se saludan.

¿Qué tal la vida?.

Me caso hoy, respondió ella.

Con un sepulcral silencio y miradas que se evitan, todos sonreímos. Su amigo, y su amiga. Y ellos dos.

La mujer y el hombre que más se habían amado en el mundo. Cada uno tenía su vida, pero nunca se olvidaron. Hablaban a veces a escondidas, y nunca se supo si se vieron alguna vez más. Sin embargo, sus ojos eran cómplices aquel día, con aquella complicidad del que sabía que se tiraba de cabeza al vacío dejando el arnés arriba, justo para estrellarse.

Con esa absurda complicidad, de los que quieren aparentar que no les escuece el alma al enterarse que su alma gemela, la que ha cometido errores, la que le ha hecho llorar, reír, esa persona que nunca olvidará, hoy toma ese camino junto a otra.

Qué cobardes somos, qué mediocre resulta a veces eso que llamamos amor. Hoy en día la gente se conforma con “ser feliz” y eso a lo que llaman felicidad, es lo que bajo mi punto de vista les resulta cómodo.

Viven al lado de personas que no les remueven el alma, se siguen acordando cada día de cómo era dormir con el otr@, de cómo le besaba, incluso a veces, comparan a sus parejas sin querer con esos, a los que decidieron sacar de su vida…

Siempre dicen que no puede ser, pero los ojos no mienten, los nervios no engañan y ellos no estaban tranquilos.

Nadie se alegraba de esa boda en ese momento, ni ellos, ni su amiga, ni la propia novia que veía como su vida pasaba delante de ella, y tomaba el camino “correcto”.

Correcto, cómodo…perfecto.

Mediocridad. Eso es lo que me define a mi las relaciones de hoy día cuando alguien prefiere estar en otro lugar, y sigue a tu lado porque es lo que toca.

Ojalá yo no sea nunca, una de esas personas, ni el que vive engañado, ni al que engañan viviendo…que no hace falta el contacto físico para ser infiel, que no hace falta vestirse de blanco para amar de verdad…y que a veces, el destino, si existe, el destino aparece cuando tiene que aparecer y nos recuerda que hemos sido cobardes, que no lo hagas…pero seguimos adelante, seguimos con la vida perfecta que esperan los nuestros, con el hombre de dinero que le gusta a papá, con la mujer de carrera y trabajo estable, con lo que ven los otros, sin acordarnos, que sólo vivimos una vez, que la vida es para arriesgarse y para amar de verdad, y que los ojos, son el destino de nuestra felicidad, aunque a veces, esquivemos a ese destino justo cuando pasa delante nuestra.

Y fueron “felices”, y comieron lo que tocaba. Lo que la sociedad esperaba que comiesen. Y no, jamás fueron perdices.

Los auténticos ángeles nos llaman “tita”…

10 Jul

Hay momentos en tu vida profesional, que tienes que coger aire, respirar, y decirle a la compañera que te venga a preguntar algo, que se espere un segundo porque no te salen las palabras.
Puede que no sea la mejor enfermera de la UCI, o que nunca lo llegue a ser, pero en mi profesión hay una cosa que nunca pierdo, y es la EMPATÍA, esa palabra que tan a fuego nos grabó algún que otro profesor.
Os pongo en situación:
8:15 de la mañana, entra la visita a la UCI, y sigo teniendo a mi paciente, de 42 años, lesionada medular de una forma tan absurda como jodida, jodida para toda la vida. Ella no puede hablar, sólo vocaliza, ya que tiene una traqueostomía, y un tubo que le ayuda a respirar. Su ánimo tiende a ser bajo, está deprimida y la hemos visto sonreir en situaciones contadas. Por decir, podría decir, que no todo el personal de la UCI, consigue entender lo que le pasa, cuesta que se le entienda, y lo que nos demanda continuamente al no poder hacer NADA por si sóla.
Entra la visita y me comenta su madre y su padre, que tiene la cara de la bondad en persona, persona mayor, que acepta todo lo que le depara la vida con su mejor sonrisa.
Me comenta que hoy vendrá a verla su sobrina de 14 años recién cumplidos, su ojito derecho, a la que mi paciente ha críado, y la que no la ve desde que ocurrió todo en mayo.
Entra por la puerta y en ese instante, a mi paciente se le ilumina la cara y el alma, y ella, su sobrina, habla con su “tata” como si nada pasara.
La entiende a la perfección, utiliza bata, y guantes como si toda su vida lo hubiese hecho, y para nada, observa las miles de cosas que la rodean.
Su sobrina se ha centrado en su “tata” en ponerla al día de todos los cotilleos del instituto, de sus primos, le ha enseñado fotos en el móvil de toda la familia, y hasta le ha leído sin titubeo una preciosa carta que le tenía escrita. No ha callado en ningún momento de la visita, y la madre de la criatura, me ha advertido que le ponga dos paracetamoles cuando se vaya el lorito!
Es la primera vez que veo a mi paciente como si nada hubiera pasado. Actúa normal, la complicidad es absoluta y la felicidad reboza en su rostro.
Y me pongo en situación, y me imagino lo que debe a ser para esa cría ver a su tia, a la que siempre se ha pegado y tenido como referente, postrada en una cama, sin poder mover ni un ápice nada de su cuerpo, y que pide ayuda para que su cuello no se vaya hacia los lados.
Sinceramente esa niña, la ha entendido mejor que nadie en estos meses, estoy segura.
Me asombra la capacidad para normalizar la situación y sin decirle nada, transmitirle a su tía la seguridad de que nada ha cambiado entre ellas, que todo sigue igual, que seguirá siendo su tata, su mano derecha, a la que le cuente todo, y a la que más quiere.
Y me he puesto en situación, porque se lo que se quieren, y me he imaginado a mi sobrino, en su lugar, y no he podido evitar tragarme las lágrimas, pensar que nunca más podrá abrazarla en condiciones y sentir impotencia y alegría.
Impotencia porque se tengan que vivir estas situaciones tan crueles, y alegría, por saber que los sobrinos son esos hijos que los hermanos nos regalan para alegrarnos la vida, sea la situación que sea, y es que esa complicidad, sólo la da esa relación tan especial, que tiene una tía con su sobrin@.

Ahora voy a escribir yo.

9 Abr

Llevo tiempo sin escribir nada por estos sitios.

Dice el gran Sabina, que cuando se está enamorado, se escribe menos, y puede que sea verdad. Ultimamente no tengo esa necesidad de desahogo que encuentro en la escritura. Pero hace dos días necesité escribir. Escribí para dar las GRACIAS a una situación que era casi imposible y se dió. Pero esa es otra historia.

Ahora quiero escribir para decirte a ti, que hoy estás decepcionada, hundida, y sobre todo defraudada que los problemas no los tiene la persona que experimenta estos sentimientos…

El verdadero problema lo tiene quien los causa, y lo tiene doblemente. Primero, porque por su forma de actuar, puede perder muchas cosas, porque la soberbia y la mentira, aunque a veces creas que te hagan avanzar en la vida, no es más, que la más grande zancadilla que te pones a ti mismo. Porque la ausencia de humildad, genera una soberbia, que te aleja de las personas inteligentes, esas personas que no buscan tu mediocridad, tu doble sentido en todo, tu beneficio propio por encima de todas las cosas, tu falsedad, y tu vida con la que ni siquiera tu estás agusto. Quizás no seas consciente del gran problema que tienes, si tienes la necesidad de ser así, pisando a quien tengas que pisar para subir escaleras. Pero a pesar de todo esto, el verdadero y para mi, peor problema es que la consecuencia de todo esto, es perder a gente que confiaba en ti, que te apreciaba y que te valoraba, por encima de tus posibilidades.

A mi no me da pena la gente así. Lo siento. Ojalá me la diera, pero no. A mi me da pena, la gente que se lo curra, y no llega a donde debería estar. (Aunque llegaran, de una forma más lenta, pero durarera). La gente que pisa, no me da pena, me da mucho asco, y pena, sí, pero pena de pensar qué vida más mediocre deben llevar para llegar a ese nivel de pasotismo.

Pero tú, no tienes el problema. Tú no. Tú tienes un don. Tú lo pasarás mal unos días, a tí esto te hará desconfiar un tiempo, y hasta llorarás culpándote. Pero no. Tú no tienes el problema. Tú has actuado desde la confianza y la máxima bondad. Tú has actuado desde la nobleza, hasta cuando los demás pensábamos que te estaba dando igual. No. Estabas esperando un cambio, por esa persona. Y sólo tú, confiabas en ella. Ni cuando siquiera ella lo hacía.

Tú no tienes el problema, tú tienes un don.  Y aunque ahora no sepas verlo, lo verás cuando pasen unos días y sigas teniendo a tu lado a gente que te quiere, sigas consiguiendo las cosas por ti mismo, sigas levantando cuando se ha caído al que se cayó mientras te ponía la zancadilla, y seguirás brillando con luz propia, y sin necesidad de pisar a nadie. Porque tú no necesitas hacer nada para destacar. Porque ser buena persona es una actitud, y la nobleza, la educación, la templanza, y sobre todo, la clase, o se tiene o no se tiene.

Y por eso voy a escribir yo hoy, para que tú, que quizás algún día leas esto, que estás en esta situación o has estado, tengas claro, que el problema no lo tiene el que se decepciona y el que confía, si no el que se aprovecha de la nobleza de los demás. Y el problema, lo tiene, porque tú, dolida, seguirás brillando, mientras quien pretende elevarse, se apaga por fundir su propia suerte. Suerte, eso que a ti nunca te hizo falta y muchos tuvieron al encontrarte.

Qué pocos sabrán aprovecharlo…pero qué acompaña estarás siempre por ellos.

Nunca cambies lo que te hacer ser especial.